El funeral de las Muñecas. Con el objetivo de deshacerse dignamente de las muñecas usadas y viejas, y para evitar las repercusiones espirituales o la mala suerte de simplemente tirarlas a la basura, el templo Hōkyō-ji, abierto al público solo dos veces al año (otoño y primavera), y coincidiendo con las exposiciones de muñecas de las princesas imperiales, lleva a cabo un servicio funerario especial conmemorativo de las muñecas que aquellos que deseen presentar sus respetos.

¡Alto! Antes de seguir leyendo, tienes que saber que esta es una segunda parte, haz click aquí para leer la primera.

El funeral de las Muñecas | ¿Un Ritual Absurdo?

Ningyō Kuyo (人形供養)

Días antes de la celebración de este ritual, quienes deseen deshacerse de una o varias muñecas, deben entregarlas en el templo y pagar una cantidad de dinero por cada una. Después se exhiben en una zona pública del templo para que todo el que visite el lugar pueda verlas por última vez.

Las muñecas son colocadas con sumo cuidado y delicadeza para que muestren una postura y un rostro bonitos.

Ningyō Kuyo (人形供養)

Finalmente, cada 14 de octubre, a las 10:30 de la mañana, las monjas del templo Hōkyō-ji se reúnen delante del túmulo funerario de las muñecas, situado en el recinto del templo, donde yacen las cenizas de las muñecas incineradas en años anteriores.

Una mujer vestida como menina o tayū (太夫), preside el ritual junto con otras dos mujeres vestidas como princesas imperiales medievales. Ésta es la oportunidad de dar un final digno y muy especial a alguna muñeca vieja que se tenga por casa y ya no sirva para nada.

Ningyō Kuyo (人形供養)

¿Ya nos sigues en Facebook?

Cuando se pregunta a los asistentes si realmente puede dar mala suerte tirar las muñecas simplemente a la basura, lo habitual es obtener una respuesta de duda. Quienes acuden a este ritual lo hacen por evitar la posible mala suerte, pero reconocen no estar seguros.

Como ya dijimos en otro artículo, los japoneses no tienen muy claro el hecho religioso y, aunque celebran numerosos rituales religiosos a lo largo de su vida, lo hacen más por superstición que por una fe profunda, aunque por supuesto existen excepciones.

Lo más divertido es ver a algunos niños acercarse a los muñecos y mirarlos con deseo, preguntando algunas veces a sus padres si pueden rescatar alguno llevándoselo a casa. ¡Qué ricos!