La ignorancia de los medios occidentales que hablaban sobre las Brujas. Chōsen (Desafío, 1963), dirigida por Shibuya Nobuko, de la que también se utilizan imágenes en Tōyō no majo, se produjo el año anterior a los Juegos Olímpicos de Tokio y ganó el Gran Premio en la Sección de Cortometrajes del Festival Internacional de Cine de Cannes.

¡Alto! Antes de seguir leyendo tienes que saber que esta es una segunda parte, haz click aquí para leer la primera.

La Ignorancia | Los Medios Occidentales y las Brujas

Entre la realidad y el anime: un documental francés narra la leyenda de las “Brujas orientales”

Se trata de una cinta que muestra las duras escenas de práctica del Club de Vóleibol de Nichibō Kaizuka. De las doce miembros que formaron parte de la selección japonesa en los Juegos Olímpicos de Tokio, diez eran trabajadoras de la fábrica de Nichibō (oficialmente Dainippon Bōseki, y posteriormente Unichika) en Kaizuka, prefectura de Osaka.

Después de trabajar desde muy temprano por la mañana practicaban por la tarde y continuaban con un entrenamiento especial hasta la medianoche.

La Ignorancia

“Aquella era una época en la que no era normal que las mujeres practicaran tan duramente como los hombres. Es algo que aún no se permitía en Occidente. En ese momento los deportes femeninos tenían tan solo fines recreativos y de salud. Por eso creo que las atletas de Nichibō fueron verdaderas precursoras entre las mujeres: eran capaces de ver el deporte como el propósito de sus vidas, soportaban unas prácticas muy rigurosas y buscaban continuamente mejorar su nivel”.

Aunque Nichibō Kaizuka era un equipo de mujeres trabajadoras, en su viaje a Europa obtuvo victorias consecutivas contra todas las selecciones de los países europeos, y los medios locales empezaron a llamarlas el “Tifón oriental”, y eventualmente las “Brujas orientales”.

La Ignorancia

También resultaba muy curioso el estilo de instrucción tan espartano del entrenador Daimatsu Hirofumi, conocido también con el sobrenombre de oni no Daimatsu (el ogro Daimatsu). Faraut, que ha estudiado a conciencia la literatura del momento, señala que a los medios occidentales les faltaba un grado de comprensión en su enfoque sensacionalista en dos aspectos.

¿Ya nos sigues en Facebook?

Los periodistas desconocían la realidad de los deportes de alto nivel y la cultura espiritual de Japón. El director prestó también atención a los antecedentes históricos de una época en la que Japón había estado ocupado por una de las potencias aliadas tras su derrota en la Guerra hasta tan solo diez años antes.

“En la posguerra, Estados Unidos trató de eliminar por completo el militarismo japonés, por lo que a los periodistas no les gustó nada la forma tradicional japonesa de hacer las cosas, tan diferente de los estándares occidentales”.

Tampoco sabían que en realidad los métodos de práctica japoneses heredaban el espíritu de las artes marciales, algo que probablemente sorprendió a esos periodistas.

“En Japón existe una cultura de práctica en la que se repite lo mismo una y otra vez, ya se trate de béisbol o de judo. Si uno desea realmente mejorar sus habilidades tiene que darlo todo hasta quedar exhausto. Es algo completamente diferente a cómo se hacen las cosas en Occidente. Los niños franceses, por ejemplo, reciben una explicación teórica de su entrenador sobre lo que están practicando. La práctica comprende instrucción y educación. Sin embargo, en Japón los maestros muestran cómo hacer las cosas y los atletas las hacen. Ven, imitan, repiten y recuerdan con el cuerpo. No discuten el porqué de las acciones. Los periodistas ignoraban esa parte de la cultura japonesa”.

Faraut, que se sentía incómodo con ese tono que adoptaron los medios de comunicación del momento, consideraba que las propias jugadoras debían hablar sobre ese tema, y entrevistó a las Brujas, las cuales rondaban ya los ochenta años.

En sus palabras y sus miradas se ve claramente que no son mujeres normales y corrientes, sino atletas de alto nivel, incluso más de medio siglo después de su hazaña.

“Una de ellas dijo que había decidido trabajar con Daimatsu porque era él quien les permitiría superar sus límites. Para ser más fuerte tenía que practicar más duro. Ellas mismas sentían que no podrían vencer a su rival, la Unión Soviética, sin esa forma de trabajar”.

Faraut señala que si Daimatsu hubiera estado entrenando a hombres los medios occidentales no lo habrían molestado tanto sobre sus métodos.

Entre la realidad y el anime: un documental francés narra la leyenda de las “Brujas orientales”

“En Occidente existían muchos prejuicios sobre la debilidad de las mujeres y la necesidad de protegerlas, y aunque insistían en su dignidad habían decidido que no se podía tolerar que las mujeres realizaran ese tipo de prácticas. Los medios de comunicación no tuvieron en cuenta la decisión de las propias jugadoras de convertirse en atletas de alto nivel”.