Conocidas como el “Castillo en el cielo” y el “Machu Picchu de Japón”, las ruinas del castillo de Takeda han alcanzado una gran popularidad entre los visitantes de Japón, así como entre los turistas extranjeros.

Los restos de sus murallas de piedra permanecen en la cima del monte Kojō (a 353 metros sobre el nivel del mar) en la ciudad de Asago de la prefectura de Hyōgo, y cuando quedan envueltos por un mar de nubes ofrecen un paisaje fantástico, como si una fortaleza estuviera flotando en el cielo.

Hasta hace una década las ruinas del castillo de Takeda eran poco conocidas en Japón. Los aficionados a la historia y otros turistas han comenzado poco a poco a visitar el lugar desde que en el 2006 fue seleccionado como uno de los “100 Mejores Castillos de Japón”.

El Castillo en el Cielo Japonés: Un Machu Picchu en Japón

El castillo en el cielo japonés

El número de visitantes a las ruinas del castillo fue de 12.000 en 2005, pero el número aumentó a unos 20.000 al año siguiente.

Desde entonces, ha recibido mucha atención de los medios de comunicación, y su popularidad se disparó cuando fue utilizado en el rodaje de la última película protagonizada por Takakura Ken, Anata e (Para ti), en 2012, un anuncio de Google a finales de 2013, y la teleserie histórica de la NHK de 2014 Gunshi Kanbei. El número de visitantes llegó a 580.000 en 2014.

Ahora que las cosas se han calmado, las visitas no son tan numerosas como en los días del boom, pero aun así, más de 200.000 personas lo visitaron en 2017.

El castillo en el cielo japonés

La mejor época para visitar las ruinas del castillo de Takeda empieza a finales del otoño. La razón de esto es que los mares de nubes que envuelven el monte Kojō dependen de la época del año, la franja horaria y las condiciones naturales en las que se producen. El mar de nubes es originado por la niebla del río Maruyama que fluye al pie de la montaña.

El agua del río, que se calienta durante el día, se eleva en forma de vapor por la mañana cuando entra en contacto con el aire frío. Por lo tanto, la probabilidad de que ocurra el mar de nubes es alta cuando se dan las condiciones naturales que enumeramos a continuación.

Se dice que el castillo de Takeda fue construido alrededor del año 1443 por Yamana Sōzen (Mochitoyo), el famoso general a cargo del ejército occidental durante la guerra de Ōnin (1467-1477), que era el gobernador de Tajima.

El castillo en el cielo japonés

Takeda se encontraba en la frontera entre Tajima (actual parte norte de la prefectura de Hyōgo) y Harima (actual parte suroeste de la prefectura), y el castillo estaba señoreado por el clan Ōtagaki, vasallo de Yamana, como piedra angular de su ofensiva contra el clan Akamatsu de Harima.

Sin embargo, en 1577 el guerrero Hashiba Hidenaga, hermano menor de Toyotomi Hideyoshi, conquistó el castillo en nombre de su señor Oda Nobunaga. Más tarde, el castillo fue entregado por Hidenaga a su subordinado Kuwayama Shigeharu, y en 1585, Akamatsu Hirohide (Saimura Masahiro) se convirtió en el señor de esta fortaleza.

El castillo fue abandonado cuando Hirohide se suicidó ritualmente después de alinearse con el bando oeste perdedor en la batalla de Sekigahara, que sirvió para unificar la nación, en el 1600. Se dice que los muros de piedra, que mantienen su forma original, fueron construidos hace unos 400 años en la época de Hirohide.

El castillo en el cielo japonés

La montaña sobre la que se construyeron los muros de piedra parece un tigre tumbado boca abajo cuando se ve desde la distancia, de ahí que a veces el castillo sea mencionado como “Torafusujō” o “Kogajō”, que significan el “castillo del Tigre”. El terreno ocupado por el castillo de Takeda es de 400 metros de norte a sur y de 100 metros de este a oeste.

Los restos de los muros de piedra recuerdan el período de los Estados en guerra (1467-1568) al igual que las estructuras defensivas repartidas por el recinto que se utilizaron para evitar que el enemigo entrara en el castillo. Los espléndidos muros se construyeron con piedras naturales que apenas fueron manipuladas.

Sus constructores fueron unos canteros altamente cualificados conocidos como anōshū, de los cuales se dice que podían oír como las piedras les indicaban el lugar donde debían ser colocadas. 400 años después su obra sigue mostrando una robustez magistral.

Además de los emblemáticos muros de piedra y la temporada del mar de nubes, el castillo tiene otros encantos. En las ruinas del castillo hay plantados unos 20 cerezos de la variedad someiyoshino y cuando llega la primavera, florecen al mismo tiempo que los cerezos que hay a lo largo del río Maruyama dando al valle un encantador tono rosado.

Los paisajes de las otras estaciones son igualmente hermosos: el verano brinda unos cielos de un límpido azul y el verde oscuro de los árboles, el otoño lo tiñe todo con los tonos amarillos y rojizos de las hojas de los árboles, y el invierno con su nieve cubre de blanco todo el valle.

El castillo está cerrado desde el 4 de enero hasta finales de febrero, así que el visitante debe comprobar el horario de apertura del castillo antes de visitarlo.

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