Desconcierto ante las tácticas y las nuevas armas de los mongoles. Sea como fuere, el hecho es que, agotada su paciencia, Kublai Kan organizó una gran escuadra con 30.000 soldados (20.000 mongoles y 10.000 coreanos) que antes del amanecer del día 20 de octubre de 1274 (26 del undécimo mes, según el antiguo calendario japonés) penetró en la bahía de Hakata.

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Desconcierto ante las Tácticas y las Nuevas Armas de los Mongoles

Los samuráis japoneses eran diestros en el cuerpo a cuerpo, pero lo que tenían ante sí era un gran ejército en orden de batalla que utilizaba tácticas colectivas. Los bravos y vociferantes japoneses acometían fieramente, pero pronto quedaban rodeados por el enemigo y eran asaetados. El estilo de lucha japonés se reveló totalmente ineficaz.

Los mongoles disponían, además, de unos arcos más pequeños que los japoneses, pero con mayor radio de tiro. Disparaban letales flechas envenenadas que se clavaban despiadadamente tanto en los samuráis como en sus monturas. Pero no terminaba ahí.

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Los extranjeros hacían sonar gongs y disparaban misteriosos artefactos que activaban con pólvora, lo que debió de conmocionar a los japoneses.

La pólvora todavía no se había transmitido a Japón y aquellas bolas negras que reventaban sobre sus cabezas con su carga de fuego y humo y su ensordecedor ruido sorprendían a los guerreros y asustaban a los caballos, que huían despavoridos haciendo imposible una lucha ordenada. Ante la desesperada situación, el ejército del bakufu se retiró.

Pero, para su sorpresa, los de Yuan volvieron a sus barcos esa misma noche.