La actual cultura de Okinawa se gestó a lo largo de los 450 años que duró el reino de Ryūkyū, constituido en 1429.

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Ryūkyū: Una Originalidad Nacida De La Fusión

Lo que da carácter a la cultura de Ryūkyū es la combinación de elementos culturales del más variado origen.

Por ejemplo, en ciertos documentos para nombramientos oficiales expedidos por el monarca en el siglo XVI vemos, junto a un texto escrito en el silabario japonés hiragana, una datación propia de la China Ming, con sellos reales estampados a ambos lados en la parte superior, lo que recuerda vivamente al uso chino o coreano, que debió de servirles de modelo.

Curiosamente, los japoneses de aquella época no utilizaban el silabario hiragana para ese uso, prefiriendo en los documentos públicos el llamado estilo wayō-kanbun (texto en letras chinas, pero adaptado a la gramática japonesa).

Este elocuente detalle revela que en Ryūkyū los documentos se hacían siguiendo criterios muy propios, que no coinciden totalmente ni con los de China ni con los de Japón. También en el terreno religioso se produjo esa mezcla.

Entre las creencias japonesas tuvieron gran aceptación las enraizadas en el santuario de Kumano, como se ve en la gran penetración que tuvieron los tira (japonés: tera), lugares donde se veneraban las piedras sagradas vinculadas con Bijuru (pronunciación local de Binzuru, nombre que recibe en Japón Pindola Bharadvaja, uno de los Discípulos Mayores de Buda), o los gungin (japonés: gongen, “encarnación”).

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Los tira son lugares de oración (uganju) que no pueden identificarse completamente con los templos budistas, como parecería indicar su etimología. En cuanto a los cultos propiamente budistas, adquirió gran popularidad el de Kannon, bodhisattva de la misericordia, pero aquí también se produjo fusión, pues esta figura acabó identificándose con la diosa china Mazu.

Y en cuanto a la creencia vernácula en las noro (sacerdotistas que se ocupaban de los servicios religiosos), vuelve a aparecer el sincretismo, ya que Benzaiten, una de las diosas de la tradición budista, fue venerada como patrona o guardiana de la kikoe-oogimi o sacerdotisa principal.

Todos estos elementos están íntimamente vinculados a creencias vernáculas como la existencia de otro mundo, las piedras sagradas o sobrenaturales, la superioridad femenina en la comunicación con los espíritus, etc.

Por ejemplo, entre las creencias de Kumano está la de la existencia de la Tierra Pura de Fudaraku, muy similar a la creencia en la tierra ultramarina de Niraikanai, propia de Okinawa. Y el culto a personajes femeninos como Kannon, Benzaiten o Mazu está influido por la idea de la divinidad de la mujer (onarigami), prevalente en esta zona en la antigüedad.

Un interesante ejemplo es el de la leyenda sobre los orígenes de Futima Gonge (Futenma Gongen), en la que pueden encontrarse elementos de antiguas narraciones ligadas al culto a Mazu. Se aprecia aquí también esa tendencia sincrética a recoger elementos de la cultura y del pensamiento de otras tierras llegados a la isla con el comercio.