En el año 768, Fujiwara no Nagate, consagró en el gran santuario de Kasuga en Nara, al dios Futsunushi, que anteriormente era venerado en el santuario Katori, y a las deidades Amenokoyane y Hime, que se encontraban en el santuario Hiraoka.

Se dice que Takemikazuchi, deidad principal consagrada en este santuario, llegó montado en un ciervo blanco a Nara procedente de Kashima. El hecho de que los ciervos sigan viviendo en libertad en los terrenos del santuario y en el parque aledaño de Nara, es una prueba de que son considerados mensajeros de los dioses.

Santuario de Kasuga en Nara: Un santuario repleto de faroles

El gran santuario de Kasuga en Nara

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Empezando por el pabellón principal, que es un tesoro nacional de Japón, el gran santuario de Kasuga está repleto de edificaciones de gran importancia cultural e histórica que han sido designados bienes de importancia cultural del país. Además, el gran santuario de Kasuga forma parte de un grupo de sitios de la antigua capital de Nara que, en 1998, fueron designados Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Una de las principales características del gran santuario de Kasuga es su color bermellón. En sendos pasillos se encuentran colgados unos 1.000 faroles de metal que fueron ofrendados durante unos 800 años. Además, en la senda que lleva al santuario hay unos 2.000 faroles de piedra.

El gran santuario de Kasuga en Nara

Dos veces al año, el 3 de febrero, para la festividad Setsubun y en agosto, durante la celebración de Obon, se prenden los 3.000 faroles en una ceremonia llamada mantōrō. Los miles de faroles que iluminan la oscuridad crean, sin duda, un paisaje de fantasía.

Debido a la profunda relación del clan Fujiwara con el gran santuario de Kasuga, en este se veneraba con fervor a los emperadores, culto que se extendió gracias a los aproximadamente 3.000 santuarios subsidiarios que se establecieron a lo largo del país.