Como ya he explicado, el concepto de momiji o kōyō no solo incluye los colores del otoño o el cambio de color de los arces, sino también de otros árboles que se tiñen de intensos colores rojos, anaranjados, amarillos e incluso violetas en diferentes momentos del otoño. Los más comunes son el color rojo del arce y el intenso color amarillo de los gingkos.

El cambio de los colores de los árboles en otoño está muy relacionado con el clima. Menores temperaturas medias provocan un adelanto en el momiji. Por ello, el momiji comienza en la región de Hokkaidō durante la segunda quincena de septiembre y se va extendiendo hacia el suroeste, llegando al sur de Kyūshū, a finales de noviembre o principios de diciembre.

Los Colores Del Otoño En Japón: “El Momiji”

Kioto

Cada año la Agencia Meteorológica de Japón publica pronósticos de enrojecimiento de los árboles por zonas del país.

Al igual que en otros lugares del mundo (como en la franja norte de Estados Unidos), en Japón es costumbre disfrutar de los colores del otoño visitando lugares especialmente pintorescos en los que densas arboledas han cambiado su tonalidad a rojos, anaranjados o dorados. Esta costumbre no tiene un ritual particular.

Kioto

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Los japoneses simplemente visitan templos, santuarios, edificios históricos y cualquier otro paraje pintoresco que sea famoso por sus arboledas rojizas y amarillas durante el otoño.

Los colores del otoño

Se dice que la tradición se originó en el período Heian (794 – 1185) entre las clases nobles y cultas de la época, motivo por el que se pueden encontrar muchos árboles de hoja caduca en Kioto y alrededores. Posteriormente, en el período Meiji (1867 – 1912) se extendió esta costumbre a todas las clases sociales perdurando hasta nuestros días.

Es lo que se conoce como “Momijigari” (紅葉狩), un término que resulta de la suma de la palabra momiji (紅葉), “hojas rojas” o “arce” y kari (狩り), “cazar”. En la septentrional isla de Hokkaidō esta costumbre recibe el nombre de kanpūkai (観楓会), “reunirse para ver las hojas”. Kioto y Nikkō son quizás los dos destinos más famosos de Japón para disfrutar del momiji.