El Otō Matsuri (御燈まつり) o festival de las linternas es un impresionante festival de fuego (火まつり, hi matsuri) que se celebra cada año el 6 de febrero en el famoso santuario Kamikura (神倉神社) de la ciudad de Shingu, una población situada en la ruta de peregrinación Kumano Kodō (熊野古道).

El Otō Matsuri, con más de 1.400 años de historia, es considerado uno de los dos festivales de fuego más animados y emocionantes de Japón. En este festival los protagonistas son unos 2.000 hombres que reciben el nombre de “noboriko” (上り子).

Oto Matsuri(御燈まつり): Festival De Las Linternas

Otō Matsuri (御燈まつり)

Los noboriko van vestidos de blanco de pies a cabeza y llevan una gruesa soga anudada alrededor de su cintura durante el tercer acto del festival. Estas vestimentas blancas representan la pureza.

Una pureza que también llevan en su interior, pues durante todo el día los noboriko solo ingieren alimentos de color blanco como el arroz, el tofu, los fideos y mochi (pastel de arroz). También mucho sake.

Otō Matsuri (御燈まつり)

Muy pronto, en la fría mañana del 6 de febrero, sobre las piedras de una playa cercana, un grupo de hombres noboriko vestidos con largos abrigos llevan a cabo el ritual del “shiogori“, un bautizo en las frías aguas del mar para limpiar cuerpo y mente.

El kannushi (sacerdote sintoísta) prepara una mesa con sake (un elemento imprescindible en los festivales sintoístas) y algunos adornos shinto llenos de simbología.

Otō Matsuri (御燈まつり)

Los noboriko se quitan los abrigos quedando a la intemperie vestidos tan solo con un fundoshi o taparrabos tradicional de los festivales de desnudos en Japón, y con unas vendas en la cabeza llamadas hachimaki.

Tras una oración de agradecimiento y súplica al océano Pacífico llevada a cabo por el kannushi, los noboriko forman un círculo en la playa y el sacerdote se une para guiarlos en un canto. A finalizar, el grupo de noboriko se lanza al mar para purificarse, desafiando el frío con gritos de ánimo.

Otō Matsuri (御燈まつり)

Seguidamente se celebra en la ciudad el sansha mairi (三社参り), la visita a tres templos: Asuka, Kumano Hayatama Taisha y Myoshinji. Grupos de noboriko salen a las calles y se ayudan unos a otros a envolverse con gruesas cuerdas rodeando la cintura. También se ponen una sandalias.

Todo ese preparativo se supone que es para poder soportar la dura noche que les espera. De camino a los templos, los noboriko llevan antorchas en las que pueden leerse oraciones para el nuevo año. Se saludan entre ellos al grito de “¡tanomude!” (“pídeme“). Este tipo de gritos llamados “kakegoe” son para darse ánimos.

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Según me ha explicado mi amiga Nao Shikata, posiblemente significa “vamos a ayudarnos entre nosotros” o “protégeme si me pasa algo” puesto que las antorchas dan miedo y son peligrosas. Las antorchas están hechas de madera de ciprés y son de un metro de longitud. De ellas cuelgan multitud de tiras de papel.

Sirven para portar el fuego sagrado para pedir por una buena cosecha y seguridad para la familia. Después de completar el ritual del sansha mairi, los noboriko se dirigen al pie del monte Chihogamine.

El sobrenombre de “noboriko” (“los chicos que van a subir”) hace referencia al ritual principal de este festival que consiste en que esos 2.000 jóvenes suben el monte Chihogamine al atardecer portando el fuego sagrado. El ascenso del monte se hace recorriendo un camino de piedra construido hace 8 siglos llamado kamakurazumi, formado por 538 peldaños.

Al llegar, atraviesan las puertas rojas del santuario Kamikura compitiendo para ser el primero en llegar al fondo del santuario. Después esos 2.000 hombres, se sitúan en la oscuridad, cerca de las puertas del santuario esperando mientras se empujan unos a otros para intentar mantener la posición más ventajosa.

Al ponerse el sol, se encienden las antorchas creando un resplandor brillante anaranjado que se ve desde lo lejos y una humareda que crea un ambiente espiritual, mágico e incluso épico. Los gritos van en aumento hasta que de repente se abren las puertas del santuario.

De repente los noboriko se lanzan a una velocidad de vértigo por los 538 empinados escalones de piedra corriendo en la oscuridad con la única ayuda de sus antorchas. Una antigua canción titulada “Shingusetsu” describe a los noboriko bajando a gran velocidad por las escaleras llevando las antorchas encendidas como una “cascada llameante” y un “dragón ardiente”.

Por ese motivo, los japoneses que se desplazan hasta allí a fotografiar el evento se esmeran por ajustar sus cámaras para conseguir plasmar la estela de luz anaranjada que dejan los participantes. Y es que, desde el pueblo, la estela de fuego parece un dragón descendiendo por el sendero del monte.

No se permite la participación de mujeres en el Otō Matsuri (御燈まつり). Además, el día del festival no se permite a las mujeres acceder al santuario de Kamikura, pero pueden ver las celebraciones desde el camino que conduce al santuario.

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