Un viaje lleno de oportunidades para hacer fotos perfectas. En 1929, a medida que aumentaba el número de personas que lo utilizaban como transporte turístico, se consiguió un permiso para cobrar una tarifa. No obstante, su objetivo principal continuaba siendo el de transporte de carga.

¡Alto! Antes de seguir leyendo no olvides que esta es la tercera parte de este artículo. Aquí puedes encontrar la segunda.

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Por aquel entonces, en el recibo de abordaje se señalaba que la empresa no ofrecía ninguna clase de garantía de seguridad al usar el ferrocarril.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, las plantas de generación eléctrica de la región del río de Kurobe empezaron a ser administradas por la Compañía de Electricidad de Kansai y, en 1953, inauguró sus servicios como Ferrocarriles de Kurobe.

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Posteriormente, en 1971, se estableció la subsidiaria Ferrocarriles del Cañón de Kurobe y ahora es conocido coloquialmente como tren torokko. En el trayecto de ida hasta la estación Kanetsuri se puede ver el río Kurobe en el lado derecho.

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A la izquierda podrán apreciar la cordillera muy de cerca, por lo que es recomendable que, si están disponibles, ocupen alguno de los asientos de la parte derecha. No deben preocuparse por la posibilidad de perderse alguno de los paisajes magníficos ya que estos son anunciados por megafonía dentro del tren.

A la mitad del camino entre la estación de Unazuki y la de Kuronagi hay un puente colgante exclusivo para los monos. Si tienen suerte, podrán verlos cruzar desde la comodidad del ferrocarril. El puente de Atobiki, que se conecta con la estación de Kuronagi, es la estructura metálica con la mayor altura del trayecto, con 60 metros de altura y un particular color azul.

Este puente debe su nombre a que el paisaje da tanto miedo que hace que las personas den un paso atrás de forma natural. Desde este puente se pueden deleitar con una vista clásica de un acueducto y un valle accidentado.