Cuando empezó a hacerse cargo de la granja, Ōtake recibía consejos de Suzuki Kōichi, dueño de la granja Suzuki y presidente del Consejo de las Verduras de la Marca Kōriyama. Aunque era un proceso de ensayo y error, sus cosechas iban aumentando paulatinamente.

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De Proteger Los Insectos A Tener Que Tirar Todas Sus Verduras

Durante la época de su madre, Nikkei Farm tenía ingresos anuales de aproximadamente un millón de yenes, pero en su segundo año, Ōtake logró elevarlos hasta los seis. En 2011, su tercer año en la granja, y justamente cuando pensaba que las ganancias podrían superar los diez millones de yenes, se registró el accidente nuclear.

Tuvo que deshacerse de todas las verduras de sus campos. Ōtake nos dice que sintió una gran impotencia ya que todos sus esfuerzos para producir verduras sin pesticidas se fueron por la borda a causa de la radiación. Además, esto fue solo el comienzo de un calvario.

Para poder obtener la indemnización por el accidente nuclear tenía que continuar con la producción de verduras. Pero por los dos años siguientes tuvo que tirar absolutamente todo lo que cosechaba y nos asegura que esto se convirtió en una carga mental indescriptible. Incapaz de matar ni siquiera una mosca, tuvo que tirar toda su producción de verduras.

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De Proteger Los Insectos

No es difícil imaginar su profundo sufrimiento. Como consecuencia de los rumores sobre la contaminación, sus ventas cayeron hasta los 300.000 yenes al año. Esto ocasionó que tuviera que trabajar a tiempo parcial en una constructora para sostener a su familia.

A pesar de las dificultades, cuando se convirtió en padre reafirmó que deseaba seguir produciendo verduras deliciosas y no desistió del trabajo en los campos. Nos dice que un factor primordial que lo animó a retomar la agricultura fue la presencia de camaradas que compartían su amor por las verduras de Kōriyama.

Su aliado más cercano en esta aventura ha sido Shinohara Yūtaro, gerente del bar de estilo japonés Shinoya y quien también asistió a este reportaje. Ōtake nos comenta entre risas que Shinohara se enamoró de sus verduras y lo presionaba cada año para que le vendiera más.

También nos dice que saber que sus verduras dan alegría a las personas se ha convertido en un motor para seguir trabajando en los campos a pesar de las dificultades. En el bar Shinoya también venden al por mayor, así que incluso reciben órdenes de restaurantes de muy alto nivel en Tokio.

Ōtake afirma que, con esto, sus posibilidades se ampliaron y fue otro factor que lo animó a continuar en el mundo de la agricultura.