De temible yōkai a cómico personaje mediático. En el periodo Edo muchos yōkai aparecían como personajes en las historietas ilustradas kusazōshi, precedentes del actual manga, y el kappa era uno de ellos. Pero su faceta como malicioso ahogador de bañistas quedó bastante erosionada y el kappa devino en un personaje cómico.

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De Temible Yōkai a Cómico Personaje Mediático

De Bestia Peluda De Temible Yōkai

Esta nueva representación tiene ya mucho que ver con nuestra imagen contemporánea del kappa, pero los detalles más simpáticos o tiernos de su fisonomía se fijaron algo después, a partir de la década de 1950.

La criatura acuática vivió en aquella época un verdadero boom del que en gran medida fueron responsables historietas como Kappa Kawatarō o Kappa Tengoku, del dibujante de manga Shimizu Kon.

De Bestia Peluda De Temible Yōkai

De las páginas de los manga, los kappa pasaron a ser mascotas oficiales para el Día del Ciudadano de Tokio, y dieron también el salto a la televisión, de la mano de anuncios comerciales de fabricantes de nihonshū (sake) o chucherías. La imagen simpática de los kappa se remonta, pues, a esta época.

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De Temible Yōkai  El ‘Kappa’ De Bestia Peluda

Tal ha sido la evolución o transformación experimentada por el kappa en los diferentes soportes mediáticos que se han sucedido desde el periodo Edo hasta la adopción de su actual imagen, una imagen que contrasta fuertemente con la que transmitían las viejas leyendas populares. La principal diferencia estriba en que el kappa ha dejado de infundir temor.

De suyo, el kappa era una criatura dañina que arrastraba a las profundidades de las aguas a personas y animales, y les comía las entrañas. Existía también la curiosa y terrorífica idea de que se comía el shirikodama, una especie de bolita que, según se creía, cerraba por dentro el orificio anal.

El ‘Kappa’ De Bestia Peluda

Pero sus agresiones no quedaban en eso: violaba también a las mujeres y las preñaba de sus hijos, enloquecía a la gente y era causa de diversos males.

Los kappa eran también según se creía, grandes aficionados al sumō, un rasgo en principio simpático, pero también en esta faceta salía a relucir su carácter diabólico, pues arrastraba a su contrincante al agua y, si no lo ahogaba, lo hacía enloquecer o enfermar.