El trasfondo de la recuperación de la derrota en la guerra. Algunos de los hechos sobre los que no se informó en su día en Europa y Estados Unidos se revelan a través de las historias de las jugadoras, como el hecho de que más de la mitad de las atletas había perdido a sus padres en la guerra. El entrenador fue para ellas una especie de padre adoptivo.

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El Trasfondo de la Recuperación de la Derrota en la Guerra

La Ignorancia

“El trasfondo histórico de esta historia nos recuerda que los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964 fueron un punto culminante en la reconstrucción tras la guerra. Por eso utilicé una imagen del Tokio de 1945, casi destruido por completo. Japón, diecinueve años más tarde, había renacido como un mundo totalmente diferente. No creo que hubiera podido contar esta historia sin ese trasfondo”.

Esta idea conduce también al hecho de que las jugadoras sean empleadas de una fábrica textil. La industria textil era la piedra angular de la exportación japonesa, actividad que se reanudó después de la guerra. El director Faraut superpone imágenes de tejidos producidos en esa fábrica al mostrar las escenas de prácticas mecánicas y repetitivas.

La Ignorancia

Para retratar la relación entre Daimatsu y las jugadoras Faraut se centró en el apodo que se le daba a cada una de ellas. El director era parte de un equipo de hockey sobre hielo cuando era joven, y está familiarizado con esas características de los deportes de equipo.

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El trasfondo de la recuperación de la derrota en la guerra

“Hay cosas en un grupo que solo son familiares para sus miembros. En las competiciones en grupo es común llamar a los compañeros de equipo por el apodo; cuando supe que las Brujas también tenían esa costumbre me convencí de que se trataba de un elemento universal muy importante del que debíamos hablar”.

“Por eso las escenas en las que presentamos el apodo de una jugadora no sirven solo como elemento humorístico. Los episodios sobre los apodos tienen también la función de aclarar cómo funcionan los deportes de equipo. Está demostrado que este mecanismo existe desde la década de 1960”.

El trasfondo de la recuperación de la derrota en la guerra

Daimatsu llamaba a cada una de aquellas chicas jóvenes un apodo único, como caballo, pez globo, chavín, vaga o chitoro (un tipo de empanada). Esto presentaba también la ventaja práctica de poder dar instrucciones de inmediato, con pocas sílabas.

“Eran como personajes de Pokémon. Las Brujas orientales es como una obra de dibujos animados, pero no es ficción. Y eso es lo que hace que esta historia sea tan interesante. Con su apodo, las jugadoras se sienten personajes de la historia. De ese modo se mezclan la realidad y la ficción”.