El hecho de que ahora, al hablar de geishas, deba añadir notas explicativas no solo para los lectores extranjeros sino también para mis compatriotas de cierta edad, me lleva inevitablemente a sentir que la presencia de estas mujeres y la realidad que las rodea están desapareciendo.

Hasta 1960, por lo menos, tanto en las grandes ciudades como en provincias —a excepción de las zonas agrícolas—, un restaurante que se montaba para celebrar banquetes (como los actuales ryōtei) no era solo un lugar para satisfacer las ganas de degustar buena comida.

Geishas | Embajadoras del “Shamisen”

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Los banquetes eran necesarios por cortesía y obligaciones sociales, y en ellos era costumbre contratar a geishas para que ayudaran al anfitrión a entretener a los invitados.

El panorama de los banquetes cambió a partir de los años setenta, cuando las generaciones de las eras Meiji (1868-1912) y Taishō (1912-1926), que habían impulsado la recuperación de Japón tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial, envejecieron, y tomaron las riendas los nacidos en la primera mitad de la era Shōwa (1926-1989), que aspiraban a la transformación social del país.

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Llegada la década de los 80, gran parte de los banquetes y el agasajo a los clientes (settai) se había trasladado a los hoteles y clubes nocturnos, por lo que los barrios de geishas de todo Japón empezaron un proceso de declive.

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Los pequeños barrios de geishas que frecuentaban los hombres de negocios y políticos de provincias degeneraron, y los ryōtei que había en ellos se arruinaron.

En 1993, cuando la generación nacida en la posguerra empezó a ocupar puestos de poder en la sociedad, el Gabinete de la época fue abandonando las reuniones en los ryōtei y el sector financiero, que seguía el juego a la coalición gobernante, también hizo lo propio, con lo cual los barrios de geishas de grandes ciudades como Tokio, Osaka y Nagoya, que los tenían de clientela, sufrieron cambios devastadores y finalmente desaparecieron.

Con el paso del tiempo, lo único que ha quedado de todo aquel mundo es la veneración del atisbo de la civilización de la era Tokugawa que constituye la vestimenta de las geishas, que conserva tímidos vestigios de antaño en los contados barrios de geishas que siguen funcionando con penas y trabajos.

Son tan pocos los japoneses de hoy en día que han tomado una copa servida por una geisha que podemos decir que prácticamente no existen.

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