Una cultura del fideo divergente ya desde el siglo XVII. Suele decirse, por eso, que ‘nihachi’ no hace referencia a la composición, sino al precio de aquellos tiempos, pues 2×8 son 16, y 16 eran los mon que se pagaban por cada servicio. En la colección Morisada Mankō se adopta también esta última explicación.

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Una Cultura del Fideo Divergente ya Desde el Siglo XVII

Una Cultura del Fideo

Por cierto, en el periodo Edo (1603-1868) hubo un libro de cálculo, el Jinkōki, que alcanzó gran difusión y que contiene los equivalentes japoneses a las tablas de multiplicar. No se sabe hasta qué punto estos conocimientos calaron con las clases populares, pero al menos entre los comerciantes se consideraban imprescindibles.

El precio de los fideos fue subiendo con el tiempo y en la época de Morisada (1810-¿?) era de 24 mon, pese a lo cual se les siguió llamando nihachi.

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Hoy en día, el caldo de los fideos suele ser suave y dulzón en Kansai y más picante en Kantō, pero Morisada no entra a juzgar cuál de los dos es más sabroso. En cualquier caso, de sus explicaciones se deduce que consideraba el caldo de Kansai “potable” o “bebible”, mientras que el de Kantō lo veía, más bien, como algo para mojar los fideos.

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Nos dice también Morisada que tanto el soba como el udon eran llamados antiguamente kendon, una palabra de origen budista que significa ‘avaricia’ o ‘mezquindad’ y que fue usada festivamente para denotar lo exiguo o poco suculento de una comida.

En los últimos años del periodo Edo, esta denominación desapareció, sobreviviendo, no obstante, en la palabra ‘kendonfuta’, que son las cajas para llevar encargos de comida. Hoy se les llama ‘kendonbako’ u ‘okamochi’.