El sueño del Hanasaka Jīsan es eterno. Como sucesores de Chūichi, Takamizu y Minamishima constatan a diario que mantener y desarrollar Ajisai-yama no es tarea fácil.

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El Sueño del Hanasaka Jīsan es Eterno

El Sueño del Hanasaka “Queremos ser los Sucesores del Proyecto de Chūichi”

“Lo más duro es la poda. Cuesta mucho saber qué ramas hay que cortar y cuáles hay que dejar”, comenta Minamishima, que se encarga del desarrollo del amacha y tiene un papel central en el cuidado de las hortensias.

Está ocupadísimo porque compagina estas tareas con su “trabajo principal” de gerente de la cafetería y el camping que hay enfrente de la estación de Musashi-Itsukaichi.

Ajisai-yama El Sueño del Hanasaka

Cuando Chūichi los ve, pierde la paciencia y les reprende: “Cómo puede ser que aún no sepáis qué ramas cortar y cuáles dejar?”. “En el monte siempre hay algo que hacer; las plantas crecen rápido. No trabajéis según os convenga. ¡Las flores y el tiempo no esperan!”. Los jóvenes han tomado las riendas de la montaña del abuelo: no podía ser todo de color de rosa.

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El Sueño del Hanasaka “Queremos ser los Sucesores del Proyecto de Chūichi”

Con todo, los aprendices callan y escuchan a su mentor. “Si solo se tratara de cuidar las hortensias, creo que sería mejor dejarlo en manos de expertos. Pero, si hablamos de tomar el relevo del proyecto de Chūichi, ya es otra historia. Solo puede hacerlo alguien que comparta su mentalidad.

Nosotros no tenemos ni idea de hortensias, pero al menos queremos legar este lugar a las próximas generaciones teniendo en cuenta sus sentimientos. Por eso lo seguimos, aunque nos eche la bronca. Lo sentimos, Chū-san. Instrúyenos. Nos enorgullece ser los únicos que podemos hacerlo”, explica Minamishima.

Chūichi sonríe junto a ellos como si viera crecer a sus nietos: “Mientras aguante el cuerpo, quiero ir al monte todos los días. Solo el Cielo sabe hasta cuándo será. Siendo dos, seguro que lo lograréis. Luego ya es cosa vuestra, así que pensad bien lo que hacéis”.