El Owara Kaze No Bon (おわら風の盆) es un festival japonés celebrado cada año los días 1 a 3 de septiembre en Yatsuo (八尾町), un pueblo situado en la prefectura de Toyama, en la zona montañosa situada al sudeste de la ciudad de Toyama, en plenos Alpes Japoneses.

Se supone que se corresponde al 210º día desde el equinoccio de primavera de acuerdo con el calendario japonés tradicional y se considera un día a menudo propicio para sufrir calamidades en los cultivos debidas a los tifones.

Owara Kaze No Bon: La danza del viento

Debido a ese riesgo elevado de sufrir calamidades, en sus orígenes este festival se celebraba para apaciguar a la deidad del viento y los tifones y para pedir ubérrimas cosechas de arroz.

Las calles del distrito de Owara se engalanan con farolillos de papel y en ellas largas filas de hombres y mujeres jóvenes con sombreros de paja de ala ancha que cubren sus rostros bailan el Kaze No Bon (風の盆, “baile del viento”) al son de una melancólica melodía (Ecchu Owara Bushi) que es única de esta región, tocada con un instrumento muy extraño de tres cuerdas de seda que suena como un violín, el kokyū (胡弓).

Habitualmente lo acompañan un shamisen tradicional (三味線) y la voz de una mujer de mediana edad. Los danzarines deben ser solteros para poder participar.

En los orígenes esto era debido a que se suponía que era algo así como un sacrificio de vírgenes a los dioses, pero más tarde evolucionó hacia una manera de mostrarse al resto de solteros del pueblo y así conocer a una posible pareja para casarse.

Owara Kaze No Bon

Se dice que los sombreros de ala ancha cubren el rostro de los danzarines para evitar que el dios de los tifones, a quien pretenden apaciguar, descargue su ira contra ellos.

Las mujeres visten el mismo tipo de kimono de verano (de algodón) con fajas negras y sombreros hechos de trenzas de paja, mientras que los hombres usan chaquetas cortas y sombreros amigasa (sombreros trenzados hechos de juncos, juncias y paja).

Owara Kaze No Bon

Además del evento del Kaze No Bon, el ambiente de las viejas y empinadas calles con sinuosas escaleras llenas de tiendas de Yatsuo hacen que el festival sea espectacular y le dan a las celebraciones una atmósfera oscura a menudo descrita como “espeluznante”. En dichas callejuelas se alinean decenas de puestos callejeros que ofrecen comida y baratijas.

Es típico adquirir como recuerdo un tipo de papel tradicional japonés que se fabrica en la zona. Con más de 300 años de historia, este festival ha ganado mucha popularidad turística a pesar de celebrarse en una zona montañosa poco habitada. Hasta hace unos años era tan solo una extraña celebración tradicional local.

Owara Kaze No Bon

Pero la belleza de sus cantos y bailes se ha propagado por todo Japón incrementándose muchísimo el número de asistentes. Otra de las características que hacen de éste un festival atractivo es que se celebra por la noche, con un ambiente muy especial.

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