Un sufrimiento que no acabó con la guerra. Después de la guerra, los habitantes de Mawashi, el lugar donde se ubicaban las escuelas, recibieron del ejército norteamericano la orden de mudarse al área de Komesu, al este de Ihara.

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Un Sufrimiento que no Acabó con la Guerra

Un sufrimiento que no

Fue en 1946 cuando el grupo formado en torno a Kinjō Kazunobu, alcalde de Mawashi y familiar de una de las víctimas, comenzó a recoger los restos mortales de las himeyuri y a construir osarios (el Konpaku-no-tō de Komesu, en la ciudad de Itoman, o el Himeyuri-no-tō).

El relato de la tragedia de estas muchachas comenzó a aflorar y a difundirse en los campos de acogida organizados por los norteamericanos. Sobre esa base escribió Ishino Keiichirō, oriundo de Okinawa, su novela Himeyuri-no-tō, que fue llevada al cine en 1953.

El Monumento y Museo Himeyuri de la Paz

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La película alcanzó un gran éxito y se hicieron de ella varios remakes, popularizándose el nombre himeyuri por todo el país. En 1948 se creó la Asociación de Exalumnas Himeyuri. Tuvieron que pasar más de 40 años desde entonces para que se fundase, en 1989, el Museo Himeyuri de la Paz.

El Monumento y Museo Himeyuri de la Paz

El recuerdo de las compañeras muertas y el propio hecho de haber sobrevivido ha sido causa de grandes sufrimientos y conflictos mentales para ellas durante todos estos años. Para muchas, ha sido muy difícil hablar en público de sus experiencias durante la guerra.

Solo a partir de los 60 años comenzó a prender en algunas de ellas el deseo de transmitir todo lo que vivieron, los horrores de la guerra y la importancia de preservar la paz. En la quinta sala del museo puede verse escrita, en un gran panel, la siguiente frase: “Seguiremos transmitiendo la realidad de la guerra, que cada una de nosotras conoció en carne propia”.